Erase una vez...

         Erase una vez un ferretero que creía tener el secreto del éxito, tanto se lo creía que no lo contaba a nadie ni siquiera lo podía poner en practica por si le copiaban, algo así les debe pasar a los miembros del consejo de administración de nuestra querida cooperativa.

        A estas alturas del cuento creerse imprescindible en una organización con mas de 50 años de historia, y pensar que eres el salvador, el que tiene el secreto del éxito resulta cuando menos pueril. Realmente podría ser una niñería si no fuese porque esta poniendo en riesgo el pan de muchas familias, que hoy vivimos de la cooperativa. 

                Cuesta entender que nadie es imprescindible,  cuando el que sobras eres tu mismo, creerse un héroe en los tiempos que vivimos puede ser una enfermedad, propia de tratar en un siquiatra, o en un psicólogo, pero en cualquier caso ha de ser tratada, porque de lo contrario estarás avocado al fracaso, y lo que resulta mucho peor ser responsable de la ruina de muchos, cuando tus decisiones sobrepasan tu patrimonio y afectan a los demás.

         El ego es el peor de los consejeros, por el ego nos convertimos a veces en seres depreciables, nos parece que lo que importa es lo que somos y lo que queremos ser, ni siquiera pensamos en las consecuencias de imponer nuestro criterio, por ego se llega a perder el control, y a despreciar a los demás. 

        Cuando nos damos cuenta que somos esclavos de nuestro ego suele ser tarde, y pensamos lo fácil que hubiese sido reflexionar y retroceder y así evitar todas las nefastas consecuencias de nuestro comportamiento egoísta y ridículo.

       Los miembros del consejo rector creen tener el secreto del éxito, despreciando al resto de compañeros, aunque sufridores como ellos de los difíciles momentos que atravesamos, no se están dando cuenta que les toca librarse de una responsabilidad que no les corresponde y que les traerá consecuencias. 

        Dar un paso atrás o al lado seria prudente e inteligente, ya que asumir una responsabilidad sobre unos futuros resultados que no dependen de ellos, sino de la gestión de un tercero, es de locos, puede que terminen asumiendo la responsabilidad de una ruina sin comerlo ni beberlo. 

        No darse cuenta de que están enfermos de ego puede ser  normal, pero no tener la inteligencia suficiente para observarse a si mismos es propio de imbéciles o de locos. La historia de la humanidad esta llena de ejemplos de ególatras que llevaron a su pueblo a lamentables catástrofes. Espero que reine la cordura y la sensatez no llegue la sangre al rio. 


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