El comercio electrónico y la pandemia.

 No cabe la menor duda de que la pandemia a acelerado vertiginosamente la virtualización de las cosas, entre otras cosas las tiendas, el comercio tradicional ha pasado a ser el comercio antiguo, todo el mundo a empezado a disfrutar del placer de comprar tumbado en el sofá, mientras ve una serie de Netflix. Desde luego si pesaremos que el maldito bicho lo han hecho en un laboratorio, esta claro quienes serian los creadores. Todas las empresas tecnológicas están multiplicado sus beneficios, y aprovechando la coyuntura de una sociedad asustada e intoxicada de información.

La venta de productos por internet no es negocio para las tiendas tradicionales, ni siquiera para las tiendas exclusivamente online, tal y como tenemos concebida hoy en día una tienda. Todo aquello que disponga de un código de barras, que lo pueda vender cualquiera, no aporta ningún beneficio, por mucho que creamos en planes maravillosos de marketing. Los grandes imponen su precio y por tanto el margen, la transparencia en precios es absoluta, de manera que se lleva la venta el mas barato. Lo que nos conduce a una situación apocalíptica, Los gigantes de la distribución del e-commerce tienen optimizados sus recursos de capacidad de servicio y precio a un nivel que los pequeños nunca podremos llegar.

Por otro lado parece que siempre quedara un nicho de mercado para poder subsistir, pero ese nicho rápidamente es ocupado por muchos pequeños que nos devoramos como pirañas en una pecera. Por mucho marketing de fidelización que hagamos el cliente de internet es infiel por naturaleza. El cliente en internet quiere lo mismo que quería antes en nuestras tiendas, solucionar su problema al mejor precio posible y sabe que con los grandes distribuidores no hay problema.

También existe la posibilidad de subsistir con una marca propia, por si solo muy pocos comercios se pueden permitir semejante estrategia, pero si podríamos si lo hiciésemos un grupo de comercios, organizados en una cooperativa. Siempre y cuando la agrupación de comerciantes estuviese dirigida por gente experta dispuesta a ayudar a sus socios y construir esa marca exclusiva con una buena política de márgenes y calidad. La verdad parece un sueño mas que una posibilidad real.

Ha llegado la hora de renunciar al ego, al mayor enemigo de los empresarios.

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